Ofrecer un espacio terapéutico afirmativo no es solo una cuestión de visibilidad, sino de seguridad. Para muchas personas LGTBIQ+, acudir a terapia implica, además de hablar de su malestar, preguntarse si podrán ser quienes son sin tener que justificarse, explicarse continuamente o defenderse.
Mi trabajo parte de una psicoterapia afirmativa, respetuosa y libre de juicios, en la que la orientación, la identidad o la forma de vincularse son tenidas en cuenta como parte de la experiencia vital. Acompaño procesos de personas lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexuales, queer, asexuales, personas no binarias, personas del espectro ACE y otras vivencias que no encajan en la norma, desde el respeto y la escucha.
La terapia afirmativa LGTBIQ+ es un enfoque especializado dentro de la psicología que parte del conocimiento de las realidades y vivencias de las personas con orientaciones sexuales e identidades de género no normativas. Este enfoque permite trabajar de forma más ajustada cuestiones como la ansiedad, la autoestima, las relaciones, el miedo al rechazo, la autoexigencia o la LGTBIQfobia (externa o interiorizada), teniendo en cuenta el contexto vital y social de cada persona. Para ello, es clave contar con formación específica y experiencia clínica.
No es necesario acudir a terapia por un motivo directamente relacionado con la orientación o la identidad. Muchas personas llegan por ansiedad, relaciones o momentos vitales complejos, y encuentran alivio en un espacio donde no tienen que explicarse ni justificarse. En terapia de pareja LGTBIQ+, esta mirada es especialmente importante para comprender dinámicas y modelos relacionales específicos y acompañarlos de forma adecuada.
Incorporar la perspectiva de género en el acompañamiento psicológico significa entender que el malestar emocional no se construye solo a nivel individual, sino también dentro de un contexto social, cultural y relacional concreto.
Desde esta mirada, podemos comprender mejor cómo influye la educación emocional, las expectativas sociales o los roles aprendidos en la forma en la que nos relacionamos con nosotros/as mismos/as y con los demás. Esto es especialmente importante en temas como la culpa, la autoexigencia, las dificultades para poner límites, el miedo a decepcionar o la gestión emocional.
Hablar de perspectiva de género en terapia no significa analizar todas las experiencias desde un único prisma ni restar importancia a las vivencias individuales. Significa ampliar la mirada para comprender cómo el contexto, la educación recibida y las expectativas sociales han influido en la forma en la que cada persona se relaciona consigo misma y con los demás.
Este enfoque no está dirigido solo a mujeres. También permite a los hombres cuestionar mandatos como la exigencia de fortaleza constante, la dificultad para expresar emociones o el peso del rol de responsabilidad, favoreciendo procesos terapéuticos más honestos y liberadores.
Trabajar desde una perspectiva de género permite un acompañamiento más completo, respetuoso y ajustado, en el que cada persona es escuchada desde su experiencia particular, sin etiquetas ni generalizaciones, pero teniendo en cuenta el contexto que ha moldeado su forma de sentir, vincularse y estar en el mundo.
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