La depresiónno surge de la nada, ni significa que “tu cabeza esté enferma”, ni que estés roto/a. Su origen es multicausal. Puede ser una respuesta a pérdidas, conflictos, sufrimiento prolongado o situaciones que te han llevado a sentirte atrapado/a.
Tal vez llevas tiempo intentando mejorar y nada parece cambiar. Incluso puede que hayas pensado en rendirte, en no sufrir más, en poner fin a todo. Te sientes incomprendido/a, explicarlo es difícil y, a veces, ni tú mismo/a encuentras las palabras.
Escúchame: quiero ayudarte. Si estás listo/a para dar el primer paso, podemos trabajar juntos/as para recuperar la vida que deseas. Quizá ahora mismo no lo ves, pero es posible reconectar, volver a sentir placer y bienestar. No se trata de eliminar las emociones difíciles, sino de aprender a convivir con ellas de una manera diferente, para que la depresión o el duelo no condicionen tu vida.
La depresióny el duelo suelen aparecer después de experiencias que dejan huella. A veces tienen que ver con una ruptura importante, la pérdida de un ser querido, un cambio vital brusco, una etapa que se cierra, una maternidad/paternidad difícil, un desgaste emocional prolongado o una sensación de haber estado sosteniéndolo todo durante demasiado tiempo.
Puede que hayas seguido adelante “como has podido”, cumpliendo, funcionando, sin parar… hasta que un día algo se rompe por dentro. Aparece el cansancio extremo, la apatía, la tristeza constante o el vacío. Nada motiva, nada ilusiona, y la vida empieza a sentirse cuesta arriba. Tu malestar tiene sentido en función de lo que has vivido. No es debilidad, ni falta de voluntad. Es una respuesta humana al dolor, a la pérdida y al desgaste emocional.
En terapia trabajamos para comprender cómo has llegado hasta aquí y qué necesitas ahora. No desde la prisa ni desde la exigencia, sino desde un acompañamiento respetuoso y práctico para que empieces a retomar el dominio de tu vida, reconectar con áreas importantes para ti y volver a experimentar satisfacción, sentido y placer.
No se trata de olvidar lo ocurrido ni de forzarte a “estar bien”, sino de integrar la experiencia, elaborar el duelo y aprender a vivir con lo que duele sin que lo ocupe todo. Para que la tristeza deje de gobernar tus decisiones y puedas volver a construir una vida que merezca la pena para ti.



